Todavía, y con más fuerza las circunstancias me apoyan. El entorno sigue y continúa confabulando para reemplazar el universo que me hiciste crear.
Las alternativas sobraron, pero ahora sí las veo. De nuevo el silencio, y la masa gris de la confusión permea la comunicación, y los supuestos reinan recíprocamente la percepción.
No sobra decir que me cansa, pero es obvio que lo omito, jamás lo entenderías -o así lo creo yo, así lo has mostrado, así lo he querido ver, o peor, así me lo has permitido creer-.
Ya no queda nada en el monitor. Los rezagos del viento y de las charlas sinceras ahora ya no me intrigan, y lo que hay es nada más que mi esfuerzo por entender, lo que a todas luces dicta la razón: todo fue causativo, incluso el final.